do not disturb

estocolmo ya no nos quiere | por Rebeca H.

———-

¿Puedo decir que he superado mi Síndrome de Estocolmo?

Estoy pagando a plazos mi rescate, como el que paga un móvil cada mes en su factura de tarifa plana de datos…

Hubo un tiempo en que pensé que habría sido mejor quedarme atrapada dentro de una escena de Rayuela, aquella protagonizamos en el salón de su casa. Cuando me quedaba atrapada sujetando una copa de vino en la derecha y un libro de poemas en la izquierda, mientras un disco de jazz inundaba a golpe de corcheas los espacios vacios y las dobleces de rincones y esquinas de la estancia. Por unas horas, eramos como la Maga, yo, y como Horacio, él. Recitábamos, intercalando nuestras voces en cada punto y seguido, que acababa en estúpidos duelos al sol, de todo o nada. Besos, caricias y abrazos, provocados por los efectos etílicos de los versos mal dichos. Batallas pérdidas antes de empezar. Acabaron con un punto y aparte que no encontro el inicio de párrafo sangrías abajo.

Hubo un tiempo en que eché de menos la oscuridad del día y la luz de la noche, porque siempre tuve problemas con las intensidades y las incandescencias. Le llevé prendido en las costillas, enmarañado entre tanto hueso. En la cadera se mantuvo su no-presencia bastante más tiempo. Y mis síndromes habituales acogieron al de Estocolmo como si fuese “uno de los nuestros”.

Hubo un tiempo en que estuve convencida de que no habría olvido suficiente para quitarte del medio, por más empeño que pusiese en borrar todo resquicio de aquellos no-momentos vividos en no-lugares. Tuvo que pasar algo más de un invierno… Como medida alternativa diré que aquel enero se me hizo eterno. Y tal vez, al final del frío conseguí no recordar ese “vernos, tocarnos, olernos, oirnos, gustarnos” tan desigual e injusto, sobre todo, con mi cuerpo… Con los 5 sentidos recuperados de nuevo, logré, con no poco esfuerzo, por el bien de Estocolmo, romper la tendencia de enzarzarme en puntiagudas caricias de nuevo.

Y es que… si me hubieses explicado las reglas de TU juego… Nos habríamos ahorrado mis trampas sin saberlo, y esa dinámica confusa en que él me dejaba perder, y él, ganaba perdiendo sin yo saberlo…

Ahora sólo puedo decir, que Estocolmo ya no nos quiere… y yo que me alegro.

———-

[Este texto, y otros también maravillosos, aquí]

Subscribe Scroll to Top